Cómo usar menos plástico

A mediados de 2019 una noticia que parecía provenir de los tiempos de Cristóbal Colón sorprendió a los medios de prensa de todo el mundo. En algún lugar en medio del Pacífico Norte se había formado un nuevo continente. El único problema es que este continente no estaba compuesto de tierra, montañas y ríos, sino que de desechos plásticos. Aunque había sido detectado por primera vez a fines de la década de los ochenta, la “isla de basura” o el “continente de plástico”, se había formado a partir de microfragmentos plásticos (no se van a encontrar botellas de bebidas de fantasía o recipientes para la choca ahí, sino que partículas muy difíciles de detectar para los sensores de la civilización humana, pero que, sin embargo, causan un daño profundo a los ecosistemas) provenientes de residuos enviados al mar desde China, Indonesia, las Filipinas, Tailandia y Vietnam, entre otras naciones, que suelen descargar este tipo de materiales al océano. Luego, las corrientes marinas llevan a cabo su trabajo y terminan arrastrando el contenido hacia aquel sector del Pacífico boreal en que convergen diferentes movimientos de aguas marinas en el denominado giro oceánico.

La alarma había potenciado, entonces, la idea, ahora con carácter de urgencia, de abandonar o hacer más inteligente el uso de los materiales plásticos. Algo que había comenzado con las bombillas de bebida en los locales de comida rápida, y que se había expandido recientemente al uso de esos cubiertos de plástico blancos con los que solemos servirnos el Combo 1.

En un texto reciente de Verne, de diario El País, en España, se presentan recomendaciones para un uso más inteligente y sustentable del plástico en 2020, como 12 consejos mes a mes. Acá algunos de ellos.

Leyendo triángulos numerados
Todo producto plástico lleva en alguna parte de su fisonomía un vistoso triángulo con un número escrito dentro suyo. A este número se le conoce como el “código plasticariano” y el guarismo encerrado entre los tres lados de la figura indica cómo se debe operar con el producto. Por ejemplo, el 1, indica que el producto está hecho en el polímero plástico conocido científicamente como Tereftalato de polietileno y popularmente como PET; el 2, señala productos de Policloruro de vinilo o PVC y el 5 señala al Polipropileno o PP. Verne señala que cualquier plástico numerado desde el 1 hasta el 6 pueden arrojarse cuidadosamente a los contenedores de basura que existen en algunas comunas, habitualmente en las plazas y que indican que reciben ese tipo de residuos. No ocurre lo mismo con el triángulo-7 (por ejemplo, maceteros o juguetes) que no puede hacerse. En este caso no hay que deshacerse del producto, sino que darle un nuevo uso.

El mundo no se acaba el 2050, pero tenemos que hacer algo. Nuestro único camino es reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero para aliviar la presión climática. Citando al ecologista Murray Bookchin: si la única función política de un pueblo fuese la de elegir delegados, no seríamos un pueblo, sino una aglomeración de mónadas. Querámoslo o no, la situación ya no está para esperar a otros paguen y la arreglen, todos tenemos que hacernos cargo. Y, en este sentido, hay actuar con lo que podemos: nuestro consumo.

Yendo al supermercado con tupper
Los Tupperware, esos envases que fueron un boom en todo el mundo, y también en Chile desde los años setenta, son el repositorio ideal para evitar las bolsas. Y Verne da una pista. Se puede llevar estos productos al súper y pedir que en ellos se guarde el arrollado huaso que acabamos de comprar en la sección de fiambrería, o las cerezas veraniegas que se le van a comprar al casero de la verdulería y frutería de la esquina. Para ello es necesario hacerse de un stock de este tipo de envases, los que, por su reutilizabilidad, finalmente consideran un solo costo al inicio y luego se utilizan per saecula saeculorum. Verne señala que, al menos en España, los dependientes que nos facilitan el arrollado o las cerezas no pueden negarse a guardarlos en dichos envases.
El dilema de la bolsa de tela
La recordada y pesadillesca Ley 21.100 de julio de 2018, asociada a la campaña #ChaoBolsasPlásticas prohibía “la entrega de bolsas plásticas de comercio en todo el territorio nacional”. Ello motivó el surgimiento de las bolsas de tela para llevar al súper y desde el carrito cargar los víveres en ellas. Sin embargo, solemos olvidarlas cuando salimos de casa rumbo al súper y tenemos que comprar una y otra vez nuevas bolsas.

¿Cómo resolverlo?
Una rutina que puede ayudar es, si uno va en auto al supermercado, recordar al guardar las cosas en el refri y la despensa, bajar de nuevo al auto y guardar las bolsas allí. Verne aclara que, “Las bolsas de tela arrugadas no ocupan apenas espacio y pueden llevarse en un bolsillo del abrigo, en una mochila, un bolso… o incluso utilizarla como uno”.
Otro truco, prácticamente infalible, consiste en volver a ocupar las pilwas, esas bolsas de malla de origen mapuche que se usaban en todas las casas para ir a la feria en las décadas pasadas. Estos enseres eran tan queridos por las personas que tenían un lugar en la despensa y el corazón de la familia y hasta una identidad.
Vajilla y servicios plásticos: NO
En casi toda oficina hay una pequeña cocina donde se pueden guardar vajilla mínima y servicios. Así que con este servicio se puede prescindir de los servicios plásticos a los que nos acostumbran los casinos de algunas comunas.
Verne se explaya también sobre esto: “Según el diario británico The Guardian, en el mundo se compraban, en 2017, 1.440 millones de botellas de plástico al día. Evitar ser uno de esos compradores de botellas es tan sencillo como tener una botella reutilizable (las hay de cristal, de aluminio…) en el trabajo que puedas rellenar de una fuente o grifo. Para llevar alimentos o tuppers envueltos, se puede recurrir a telas enceradas reutilizables y, si bebes café y la máquina solo ofrece vasos de plástico, puedes traer tu termo de casa o comprobar si la máquina tiene la opción “sin vaso”. En ese caso, lo que hay que traer de casa es una taza”.

¿Y, qué hay del ropero…
El blog de Medium señala como uno de los tips más importantes lo siguiente, “opta por tejidos y textiles naturales. Reduce la cantidad de ropa fabricada con telas plásticas sintéticas en tu armario, las cuales liberan diminutos microplásticos que terminan en nuestro océano y en nuestros pulmones. Incluso las alfombras sintéticas liberan este tipo de partículas”. Del mismo modo, Verne continúa con, “si vas a deshacerte de lo que ya no te pongas, puedes plantearte donarlo o incluso repararlo, si tiene algún desperfecto”.
… y del baño?
Aparte de la cocina, el baño es el lugar donde más envases y enceres plásticos se encuentran, desde la botella (o la caluga) de shampú, pasando por el bálsamo, y hasta la escobilla de dientes. Acá hay harto “plástico” que cortar. Por ejemplo, reemplazando el cepillo dental por un de bambú con cerdas naturales, o el mismo desodorante, cuyo envase puede ser reemplazado por los conocidos como alumbre, e incluso todos esos artículos cosméticos que vienen en botellas, por los llamados productos “naked”, esto es, que no necesiten envases. Ello en la lucha contra los productos OWC (ocean waste plastic, y que señalan el plástico que suele terminar en los océanos). Esto ayudará a reducir las islas de basura en, el caso de Chile, el Pacífico.

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