¿Por qué no hay que temer a los alimentos transgénicos?

Ya van más de 25 años de su uso en agricultura y producción de alimentos a nivel global. Se han desarrollado cultivos mejorados para: i) enfrentar desafíos agrícolas: cultivos resistentes a insectos plaga, tolerantes a herbicidas (para controlar las malezas de manera más eficiente), resistentes a enfermedades virales; ii) para adaptarse a los desafíos climáticos: cultivos tolerantes a la sequía; iii) para evitar el desperdicio de alimentos: cultivos con oxidación retardada, y; iv) cultivos con mayor cantidad de nutrientes.
Cuando hablamos de transgénicos, estamos hablando de genes y proteínas. No nos referimos a jeringas ni a químicos sintéticos que se inyectan en forma manual a un vegetal, tal como muchas veces se encuentra en internet. Los genes son los responsables de la producción de proteínas, y en un transgénico se ha introducido mediante biotecnología genes de ciertos organismos para que produzcan proteínas que a su vez permitirán mejorar una característica específica.

Todo esto en su conjunto ha contribuido a que la agricultura sea una actividad más sostenible. Han aumentado los rendimientos de producción, permitiendo que los agricultores produzcan más sin utilizar más terreno, lo que reduce la necesidad de convertir ecosistemas ricos en biodiversidad en suelos destinados a la producción agrícola. Se han disminuido las pérdidas en el campo, se utilizan menos insumos en la producción agrícola, disminuyen los desperdicios de ciertos alimentos ya producidos, aumentan los ingresos para los agricultores, etc.
Lamentablemente, el desconocimiento, muchas veces impulsado por grupos de interés y activistas con el fin de imponer posturas ideológicas, ha producido confusión y opiniones adversas en la ciudadanía sobre la transgenia. Claro está que tanto el sector privado como el académico han fallado en trasmitir adecuadamente la inocuidad, beneficios y potencialidades de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados.

Los transgénicos y sus productos derivados son los alimentos más estudiados en la historia de la humanidad. Una vez desarrollados, para lograr su autorización de comercialización en un país (siembra y consumo), deben pasar exitosamente una etapa conocida como “análisis y evaluación de riesgos” donde son sometidos a rigurosos análisis y estudios, según criterios internacionalmente reconocidos, que determinan su inocuidad. Deben demostrar que no afecten al ser humano, animales ni medio ambiente. Así, todos los transgénicos que se comercializan en la actualidad han demostrado su inocuidad.
A pesar de lo anterior, por desinformación o mala intención, algunos grupos difunden publicaciones sobre productos transgénicos que producirían alergias, aunque nunca se aclara que los productos analizados eran productos que estaban en su fase de experimentación y que nunca estuvieron disponibles comercialmente, haciendo creer que todos los transgénicos generarían situaciones similares.

También se difunden artículos que han sugerido efectos adversos para la salud, pero de nuevo no se señala que la comunidad científica mundial ha desestimado estos trabajos por no utilizar controles adecuados, hacer mal uso de la estadística, ejecutar malos diseños experimentales y manipular la información. Hasta el momento, ninguna publicación científica que cuestione la inocuidad de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados ha podido ser reproducida por otros científicos, y en ocasiones ni siquiera por los mismos autores originales, mediante los procedimientos aceptados por la comunidad científica y los principios establecidos en el método científico.
De manera adicional, en la actualidad existen más de dos mil publicaciones científicas (revisadas por expertos) que documentan la inocuidad y beneficios de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados. Por esta razón existe un muy amplio consenso científico en el mundo académico sobre la inocuidad de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados. Más de 270 organizaciones científicas de prestigio, incluyendo a decenas de miles de expertos respaldan esto.

A pesar de los análisis de riesgos y de los más de dos mil estudios científicos sobre trangénicos, no hay absolutamente ninguna prueba científica que sugiera que los alimentos derivados de cultivos transgénicos disponibles en la actualidad puedan causar cáncer, alergias, o enfermedades. Tampoco están relacionados con la mortandad de las abejas, y tampoco son estériles como algunos creen. Por su parte, los análisis de riesgos han permitido evitar efectos no deseados en el medio ambiente.
Así, la biotecnología puede ser una gran herramienta si es utilizada con buenos fines. Tal como todas las herramientas y elementos desarrollados por la ciencia, la transgenia no es buena ni mala en sí, ello depende de la aplicación que se le dé y de cómo se regule su uso. Por el momento ha contribuido de manera considerable a que la agricultura sea una actividad más sostenible.

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