La ciencia se aproxima a una técnica que podría predecir terremotos.

La ciencia ha propuesto una hipótesis acerca de cómo actúan algunos sismos precursores de un terremoto, que está basado en un modelo que utiliza datos de la evolución del movimiento de la superficie terrestre y de los temblores, según explicó el geólogo Marcos Moreno en charla organizada por el Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción. Esta teoría se basa, entre otros, en el estudio acucioso del terremoto 8,2 grados, del 2 de abril de 2014, en Iquique.

Actualmente los científicos conocen los principales mecanismos que controlan la acumulación y liberación de la energía sísmica en zonas de subducción, como la chilena. Sin embargo, no hay un conocimiento acabado acerca de los procesos que ocurren antes de un gran terremoto, el que es clave para analizar el peligro sísmico. En ese camino de búsqueda, científicos de todo el mundo han estudiado continuamente el norte de Chile, donde opera hace una década un observatorio geofísico, base sobre la cual hoy se propone una teoría.

Satélites mostraron que tres meses antes de terremoto de Iquique en 2014 la placa Sudamericana se empezó a mover en sentido contrario al “normal”, lo que se acentuó 15 días antes.

La sismicidad precursora o previa de este gran sismo de 2014, desde tres meses antes del movimiento, se produjo en un área en forma de media luna que rodeaba la zona más profunda del sector que rompió con el terremoto. Mientras que a sólo 15 días del terremoto, comenzó una sismicidad en la medialuna contraria. Y justamente el sector ubicado dentro de este anillo sísmico formado por ambas medias lunas, fue el que finalmente rompió para el terremoto.

Ambos períodos de sismicidad precursora del sismo fueron acompañados por un desplazamiento de la superficie terrestre hacia el Oeste, que aumentó considerablemente en los 15 días previos. Este tipo de movimiento es el que se da cuando ocurre un sismo y en algunos días o meses posteriores; pero no se había visto instrumentalmente este movimiento, en esa dirección, antes del terremoto; y tampoco había sido relacionado con áreas de sismicidad.

Lo “normal” es que el movimiento previo a un terremoto sea hacia el Este, en la dirección de penetración de la placa de Nazca que subduce o se mete por debajo de la placa Sudamericana, enganchándose ambas y avanzando juntas en dirección de la que subduce. Hasta que la tensión es tan fuerte que se rompe esa unión, generándose un terremoto y un brusco movimiento hacia el Oeste. Lo novedoso es este movimiento hacia el Oeste previo al terremoto.

Ambas situaciones, de ser observadas en un período cualquiera, podrían indicar la próxima ocurrencia de un terremoto.

Lo mismo se apreció para el terremoto de Chiloé de 2016, como también en análisis de sismicidad de otras áreas de Chile, e incluso de Japón, potencialmente relacionadas con áreas con mayor tensión o acumulación de energía, denominadas asperezas o zonas de acople entre ambas placas tectónicas. Sin embargo, en principio el terremoto de 2010 no tuvo precursores, aunque también pudo tenerlos pero sin instrumentos para detectarlos.

Moreno señala que faltan estudios para comprobar la hipótesis, especialmente mediciones que se obtengan de la parte de la placa Sudamericana que está bajo el océano; ya que allí no hay instrumental para obtener datos satelitales, por lo que destacó la necesidad de instalarlos. Además, se debe analizar la sismicidad de un área mayor más allá de la cercana a la potencial zona de ruptura, pues hay diferencias según la profundidad, ubicación y recurrencia de los sismos que requieren mayor análisis.

Respecto de la posibilidad de ser cierta esta teoría, Moreno señaló que puede ser que muchos terremotos tienen este proceso previo, que no ha podido ser identificado por falta de instrumental instalado; o es un terremoto atípico que generó estos movimientos previos hasta ahora desconocidos.

Basado en la misma metodología -aunque hoy más desarrollada-, fue acusado de alarmista por informar, coincidentemente a cuatro días del terremoto de 2010, que el área de las regiones Bío Bío y Maule tenían deformaciones suficientes para generar un terremoto importante. “Ello demuestra que esta técnica funciona”, dijo tras finalizar su charla en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

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