Así es como se puede aprovechar la conexión de Internet sin que haya nadie en casa.

A todos nos pasa: sentimos que estamos tirando el dinero. Un día tras otro lejos de casa, recordando la cantidad de cosas que podríamos estar haciendo con ese servicio de Internet que contratamos y pagamos religiosamente. Pero no hace falta que estés todo el día frente al ordenador para amortizar tu cobertura.

Tu ancho de banda tiene más utilidades de las que imaginas. Tu línea de fibra puede avisarte tanto de un problema con la instalación eléctrica como tenerte listo el pollo asado para cuando entres por la puerta.

Olvídate del pendrive y accede a tus películas desde casa de tus amigos mediante un servidor remoto o incluso dona parte de la potencia de cálculo de tu PC para servir a la ciencia. Nunca más sentirás que desperdicias tus recursos.

Tiempo de smart homes

¿Alguna vez le has dicho a tu lavadora que comience un prelavado, a tu horno que precaliente a 120°, o a tu nevera que vaya enfriando el vino para cuando lleguen los invitados? Todo esto ya es posible gracias a las app remotas de distintos fabricantes como LG o Samsung.

Bien a través de algún asistente virtual como Amazon Echo o desde la aplicación nativa, programar una cuenta atrás es tan sencillo como decirle cuándo quieres que dé comienzo y cuándo ha de acabar. También podemos saber qué ha estado haciendo nuestro robot de limpieza, creando un mapeado de nuestro hogar y analizando la ruta que ha seguido.

Más aún: algunos refrigeradores inteligentes toman fotos del interior de la nevera cada vez que las cierras. Imagina que acabas de salir del trabajo. Antes de llegar a casa te preguntas, ¿me faltará algo, compro alguna cosa para cenar? Si no sabes qué tienes dentro, lo único que has de hacer es abrir la app y echar un ojo a las distintas fotos.

Incluso desde el coche: sistemas como SYMBIOZ proponen gestión remota desde el vehículo y se sincronizan con una enorme gama de dispositivos. Gracias a esta sincronización remota puedes encender las luces de forma automática, justo antes de llegar a casa, o alternar con distintos patrones de luz para generar una sensación de que hay alguien en la vivienda.

Videovigilancia inalámbrica

No sabes lo realmente útil que puede ser un monitor de bebés hasta que corres a media noche a la farmacia de guardia para comprar algún medicamento para los cólicos de tu bebé. En este tipo de situaciones tu Internet se convierte en necesidad básica.

La mayoría de sistemas de videovigilancia cuentan con vista remota y control desde la app

Sistemas como YI Home App permiten monitorizar todo lo que sucede dentro del hogar. Y a nosotros seguirlo, mediante streaming en tiempo real. Cada vez que salimos de casa, un algoritmo de detección de movimiento alerta de cualquier posible irregularidad, lanzando una alerta a nuestra app móvil e incluso tomando una foto.

La mayoría de sistemas de videovigilancia cuentan con vista remota y asistentes como Amazon Echo o Google Home pueden, en último término, grabar un hurto y subir el audio a la nube, a la cuenta del usuario. Si crees que estás desperdiciando megas porque te has quedado un par de días a dormir en casa de un amigo, recuerda que estos servicios pueden salvaguardar tu hogar.

Computación distribuida

Quizá no lo sepas, pero el poder del actual IBM Watson se debe a cientos de ordenadores conectados en la nube. Es la herencia de otra fórmula: la informática en malla.

Aunque no dispongas de formación académica o un laboratorio donde ceder recursos, tu ordenador puede servir para investigar soluciones sobre el medioambiente, la optimización de aguas residuales o buscar curas contra el cáncer. La computación distribuida es un popular modelo en el que sistemas de andar por casa, trabajando de forma redundante, emulan el rendimiento de un superordenador.

Si tuviste una PlayStation 3 seguramente recuerdes un icono denominado ‘folding@home’, una plataforma para «realizar simulaciones de plegamiento proteico relevante en enfermedades y otras dinámicas moleculares». Dicho en lenguaje profano: conocer la evolución de las proteínas en diferentes entornos controlados, y así fabricar fármacos adecuados para combatir diferentes enfermedades como alzheimer o fibrosis quística.

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